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MARATÓN DE DONOSTIA

Donostia: Una maratón, un infierno

Hubo un día en medio de este desapacible invierno que 3300 inconscientes se vistieron de corto y desafiaron los elementos. Ese día fue un gris domingo de noviembre. Ocurrió en San Sebastián, la bien llamada “Bella Easo”, la ciudad de las esencias cantábricas, que fuera lugar de retiro real siglos atrás, celebró su maratón en medio de un invierno que ni los lugareños reconocían por frío y hostil.

A las nueve de la mañana del domingo 30 de noviembre se daba la salida a una nueva edición de la maratón donostiarra. San Sebastián, tan bella como pequeña en extensión, no tardó en llenarse. Corredores por la calzada, la hinchada en las cunetas. Simbiosis dominical de aplausos y jadeos. Por techo, un plomizo cielo que amenazaba lo que al final sucedió, una tremenda lluvia. No apareció de salida, tardó en hacerlo, pero cuando lo hizo, el líquido elemento se hizo notar, los huesos de los corredores lo acusaron, los de un servidor el primero. La meteorología tan adversa aquí como en pocos lugares era la gran preocupación de los participantes. Se esperaba lluvia pertinaz y constante desde primera hora. No fue así por suerte. Cuando los tres runners del Judo Tao, Víctor, Mario e Iván, rebotaban sobre el asfalto para calentar las piernas en los aledaños de Anoeta, el coliseo de la Real Sociedad, se frotaban los ojos ante lo benigno del clima. Habían pasado casi diez meses desde la maratón de Valencia.

Ocho graditos y el sol rascando entre nubes anunciaban un día más benévolo de lo previsto. De salida los objetivos claros. Víctor e Iván corrían para cumplir 42 kilómetros en tres horas quince, Mario quería bajar de las tres y media. Metas asequibles pero que había que certificar estirando piernas y machacando caderas. Pasan los kilómetros, primer paso por la Concha, vuelta a Anoeta y de nuevo hacia la playa para atravesar el puente de Kursal y volver al Ayuntamiento. El pollo que gestiona el ritmo de las 3.15 va más rápido de lo que debe, los kilómetros caen con excesiva velocidad. Poco después de pasar la media maratón, con tres minutos por debajo del ritmo objetivo, los dos runners del Tao deciden descolgarse de un ritmo que anuncia suicidio. Es tarde, la segunda de las vueltas, cuando la carrera atraviesa de nuevo el puente del Urumea, llega la lluvia. Agua que como afilados alfileres rompe el fondo de Iván. Mientras Víctor sigue por delante y Mario rasca segundos al grupo de 3.30, Iván se estrella en el puñetero muro. La gélida agua y el viento en contra de la Concha primero y Ondarreta después hacen el resto. Si en el kilómetro 35 el objetivo de 3.15 era aún posible, los últimos kilómetros suponen la puntilla. Que ¿qué es el muro?, pues un trompazo ante la realidad de la maratón, ante la pesadilla que ninguna otra carrera te puede propinar. Sinceramente, que el ritmo no había sido el adecuado influye, como no, pero mucho más afecta el temporal que descargaba sobre nosotros. Un temporal que nos heló piernas y brazos. Un temporal que nos heló los objetivos pero no el placer de correr. Al dios Eolo le dio por soplar y de lo lindo. El peine de los vientos de Chillida de se hartó de peinar. De los ocho graditos, ya íbamos por cuatro y bajando. La vuelta por la Concha se convertía en un deseo infinito de acabar. Nunca tan magnífico paseo pudo ser tan denostado. El camino a Anoeta es eterno, aunque al menos el enfurecido aire ya no fastidia. Los dos últimos kilómetros pasan en diez minutos que nunca fueron tan largos. Las piernas no dan más de si, las pulsaciones son bajas, el cuerpo ha dicho basta, tanto estrés dicen que bloquea el músculo, y es cierto, aquello no daba no daba más.

Mientras Víctor celebra las tres horas once, un tiempazo, a Iván le adelanta Mario en el último tramo. A Mario le cae otro premio en forma de tres horas veintidós. Un minuto más tarde llega Iván. A pesar de todo, se salvaron los muebles. Los tres han mejorado, dentro de sus posibilidades, sus tiempos. Cruzada a la meta se comenta la jugada, pero poco, por que quedarse sudado y empapado ante tan gélido ambiente no es lo más saludable. Cambiarse en tales circunstancias es un logro, las manos entorpecidas por el frío y los dolores de “patas” lo empeoran. Menos mal que cayó un té primero y un caldito de pollo después. Al menos ayudan en entrar en calor, algo, pero ayudan. Callos, chuletones, pimientos, … hacen el resto, calorcito no comparable al de la hinchada, aquellos incondicionales –Mari Carmen, Merce, Eli, Alberto, Gonzalo e Iker, todo el rato dormido- que se cruzaron en nuestro camino varias veces.

El siguiente capítulo, esperemos, en Madrid, con la primavera efervescente y, recemos, con mucho menos frío,...

Iván Vega.





1.000 km + 42`195 = Maratón Donosti ‘ 08


Tras más de 1.000 km. de entreno en los últimos meses, el equipo del TAO, se encontró con su objetivo el día 30-11-08, SALIDA MARATÓN DONOSTI ‘ 08; 9.00 h, 7º C., y las moderadas rachas de viento precediendo la anunciada lluvia.

En una carrera que se tornó durísima a lo largo de la mañana, que a partir de las 2 horas bañó a los participantes de sabor cantábrico, que llegó a marcar 4º C de temperatura mientras los gélidos cuerpos marcaban su ritmo constante, zancada a zancada, pensando “¿por qué me he metido yo en esto?”, en el que sólo el inestimable calor del público Donostiarra, con sus “!Aúpa¡”, y de nuestra hinchada personal: Íker, Mª. Carmen, Eli, Gonzalo, Merce (y la segunda unidad), y desde Barcelona, Sevilla, León, Ermua... que nos transmitían fuerzas, hizo que ningún componente del TAO, abandonara la prueba (3.300 inscritos, 2.700 clarificados).

El asfalto de la Bella Easo fue testigo del pundonor y entrega de nuestros corredores y todos batieron sus marcas personales;
Iván con un gran corazón y cabeza, demostrado cuando a partir del kilómetro 35, paseó al filo del Muro del Maratón, y con un cambio de ritmo y planteamiento acabó en unos excelentes 3,22 h.
Mario que corrió de menos a más y con unos extraordinarios km. Finales, 3,21 h, y ... Víctor M. compañero de Iván los 27 primeros km, y que decidió quitarse el frío a base de arañar segundos al ritmo previsto, terminó en 3 h. 11’.

Pese a llegar ateridos, el calor de los miembros, el inolvidable caldito de Merce, y la satisfacción de lo conseguido, nos hizo entrar en calor muy rápido, y pensar en nuevos retos (txacolis y chuletones, pinchos y..... ¿maratones?)

Víctor Manuel Bernal.

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TRES MARATONIANOS EN DONOSTIA

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